Thursday, August 18, 2011

Quelle Horreur (Madrid, agosto de 2011)


A raíz del verano, constante fuente de inspiración, escribí este texto/poesía/gilipollez abstracta. Ya sabéis, nadie me entiende, me he adelantado a mi tiempo y toda esa mierda.



Quelle Horreur (Madrid, agosto de 2011)


Hubo días en que me creí el último hombre en la tierra y caminé por el centro de las avenidas y fui rey en las cafeterías.

Esto fue un espejismo y poco después el aire, ya espeso, se llenó con los grumos de las canciones, dificultando cualquier tarea hasta lo inenarrable.

El Dios Insecto, que había desestimado (por gilipollas) a los mamíferos hace unos cuantos millones de años (los expertos determinarán la cifra exacta) se mostraba confuso, palpando el verano con sus antenas: imagina las consternación de Papá cuando el hermano retrasado pretende ser pródigo.

Ojos claros, inseguros, bizqueantes, se cruzaron con mis órbitas oscuras; el astrónomo observa inútilmente el más lejano de los planetas, saluda con la mano: otro descubrimiento inútil.

Por mi parte, no recordaba la última vez que había dormido en condiciones, programaba el despertador de forma aleatoria, daba igual el convenio de las horas, encontraba las mismas esferas pazguatas y celestes en cualquier momento del día.

Siempre quería irme a casa, una vez allí, seguía queriendo volver a casa. En mi mente palpitaba una sóla pregunta: "Edu, ¿falta mucho para parar y comer?"

El cine no me calmaba casi nunca, la novela era un divertimento tormentoso, la poesía algo fugaz, el libro de referencia sólo podía leerlo tras una comida pesada, no comía casi nunca, con suerte una comida de verdad al día.

La música ya me había salvado la vida demasiadas veces y la reservaba para finales de septiembre, algo que se veía obscenamente lejano, como el primer beso o el último.

Llevé la misma ropa por dos semanas y nadie se dio cuenta; no llené la nevera en tres y ni yo mismo me enteré.

Tenía los nervios de punta y en el metro me tenía que agarrar a la barra con las dos manos, como un stripper deficiente. Pero sólo para ir a la filmoteca, donde había aire acondicionado y nadie hablaba con nadie porque, en el fondo, ya nos conocíamos todos.

También allí pedí café, sabía que si me dormía durante una proyección no despertaría jamás. Exagero, habría despertado en invierno con la misma ropa cubriéndome desde hace más tiempo que el ya, por bushido y honor, tristemente había batido.

Se equivocaron y en lugar de café me dieron un líquido oscuro con las mismas propiedades. Miré al camarero con complicidad: no estaba para bromas. A la noche siguiente, el líquido salió por mis poros y tuve que poner una lavadora con las sábanas (dormía sobre ellas) y toda la ropa que no me había puesto.

Traje pollo del pasado, esperando poder comer de verdad y que ello me diera sueño de verdad. Llegó en tres segundos, pero el pasado me aterroriza incluso más que el futuro.

Hablo en pasado con la esperanza de que esto haga ir el tiempo más deprisa pero esto es y (joder) será siempre el presente.

Así que desconozco el final, envíamelo por correo. Es cierto, casi nunca abro el buzón, así que para cuando me decida, podré ver si has acertado.



3 comments:

Clarita Libertad said...

+1
y también para el dibujo (me gustan tus Onitsuka, Tiguer!!)

Myriam said...

malnutrición como fuente de inspiración... interesante..

Von Demasiado Indie said...

Que sepas que me he "currado" ese detalle pensando explícitamente en ti...

Malnutrición, insomnio, jóvenes que cantan, un calor infernal... para que luego hablen del arte de la felicidad... no hablan porque no existe...

Celebro que os haya gustado